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Ideas para hacer de tu escuela un lugar excepcional

La verdadera inclusión

Se han escrito libros enteros sobre la inclusión educativa y aún no nos hemos puesto de acuerdo sobre lo que ésta significa. Una cosa es cierta: no se considera moralmente aceptable la defensa de la exclusión. Al menos no abiertamente, porque volvía a leer estos días aquel famoso artículo de Echeita y Sandoval de 2002 titulado "educación inclusiva o educación sin exclusiones" y creo que algunas de sus palabras vuelven a estar, tristemente, de rigurosa actualidad teniendo en cuenta los recientes acontecimientos políticos y sociales en todo el mundo:

"hay que añadir el avance indiscutible y tristemente cotidiano de la intolerancia de origen étnico, cultural o religioso, capaz de levantar por sí sola muros de separación (apartheid) y exclusión permanente entre personas y comunidades más fuertes, incluso, que los vinculados a los factores económicos".

Dejando al margen cuestiones semánticas y teóricas sobre el término 'inclusión', mucho me temo que, en la práctica, aún hoy en día la mayoría de las escuelas españolas entienden la inclusión como una suerte de integración forzosa. Como estos mismos autores indicaban:

"[...] «integrar» a algunos alumnos que antes estaban en «centros específicos», en »centros ordinarios», en los que con suma frecuencia se producen escasos o —a veces— nulos cambios respecto a su proyecto educativo, su organización y funcionamiento y sus prácticas de enseñanza (Ainscow, 2001). No es cuestión de que, una vez más, sean los alumnos quienes deban adaptarse al centro, sino que debemos aspirar a que sean los centros y, lo que es más importante, el sistema educativo en su conjunto, quienes se encaminen hacia un proceso de transformación profunda."

Entonces, ¿qué quieren decir cuando hablan de inclusión?

Quizá sea porque Internet y los medios de comunicación globalizados estén haciendo que nos enteremos de noticias que antes no nos llegaban, pero estamos asistiendo en los últimos meses a grandes ejemplos de inclusión escolar y social. Veamos algunos de ellos.

El primero de estos ejemplos es de comienzos de 2016: una noticia en The Independent, un periódico británico, en la que contaban como un aula entera en Bosnia había aprendido lengua de signos para evitar el aislamiento del Zejd Coralic, un niño sordo de seis años de edad. Ésta es la historia contada en un vídeo:


Apenas hace unos días hemos sabido que no es una experiencia aislada, ya que la Escuela de Infantil Sylvan (en Carolina del Norte en Estados Unidos) integra a un niño sordo de segundo grado, Jordan, por lo que 80 de sus compañeras y compañeros están aprendiendo lengua de signos. El éxito es tal que ahora se puede les puede ver comunicándose en lengua de signos en los pasillos de la escuela.



Y más aún: la escuela entera aprende lengua de signos. Esto ha ocurrido en Togo, un pequeño país de África subsahariana. Moussifa tiene 9 años, es sorda de nacimiento y en su escuela todo el profesorado y alumnado ha aprendido lengua de signos ayudados por una ONG internacional. El único efecto inesperado es que "¡desde que aprenden lengua de signos, las niñas pueden hablar entre ellas sin que sus padres entiendan lo que están diciendo!", bromea la jefa de proyectos de la ONG Handicap International.

Moussifa (centro) en clase de Primaria (foto: ©Studio Cabrelli/Handicap International)

Los siguientes dos ejemplos son casos de inclusión social (aunque también escolar): Bengkala, el pueblo de Indonesia con una población de apenas dos mil habitantes, en el que más del 40% son personas sordas. Por ello, un 80% de sus habitantes han aprendido lengua de signos, no hay diferencias sociales entre personas sordas y oyentes y las primeras no tienen mayores dificultades que las segundas para escolarizarse o encontrar trabajo.

Este vídeo no está subtitulado. Para ver la inclusión escolar, adelantar hasta el minuto 4:00 aproximadamente.

Por último, un ejemplo más cercano: Gualba, una población a algo más de 60 km al norte de Barcelona, con una población de alrededor 1.500 habitantes. Para que el único niño sordo de Gualba, de 11 años de edad, pudiera disfrutar de la Noche de las Brujas (Nit de Bruixes), todas las fiestas se hicieron accesibles en lengua de signos.

Es inevitable terminar sin recordar el famoso cuento "por cuatro esquinitas de nada". Los recursos humanos y materiales en la escuela ayudan mucho pero ¿acaso no es ésta la verdadera inclusión?




Fuentes:

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