Principios para la inclusión profesional de personas sordas

Algunos posts en Escuelas Excepcionales van más allá de la infancia. ¿Qué ocurre después de la escuela? ¿Cómo está preparando realmente la escuela a los/as niños/as sordos/a para su futuro desarrollo laboral? ¿Qué relación hay entre educación y empleo? Ver más allá de la escuela es clave para entender si estamos trabajando adecuadamente en las primeras etapas educativas. Por ejemplo, esta investigación muestra los principales factores que influyen en el éxito educativo después de los 18 años de edad.


En las últimas décadas estamos viendo que las personas sordas están participando espacios antes inaccesibles, como el mundo académico o universitario. Aunque el desarrollo de una carrera académica e investigadora es realmente anecdótica en este momento en España, en un reciente post conocimos a diez personas sordas que ya han alcanzado el doctorado en nuestro país (aquí).

Sin embargo, en otros países las personas sordas sí tienen acceso a una carrera académica y algunas están siguiendo trayectorias brillantes, como la profesora e investigadora sorda Annelies Kusters, que se convirtió en la primera catedrática de universidad en Reino Unido en 2023 (el máximo grado académico existente en una carrera universitaria y que reconoce la excelencia en investigación). En la web Academia Unusualverse (de la familia Excepcionales en inglés), se detallan las trayectorias académicas de más de 90 personas sordas académicas en 24 países.

En este sentido, dado que en otros países han avanzado mucho más que en España, fuera de nuestras fronteras ya se están planteando qué implica un entorno profesional adaptado para personas sordas que aproveche plenamente su capacidad intelectual. Quizá en algún momento llegará ese momento a España y, por ello, es interesante un artículo publicado en 2024 por investigadores sordos que propone diez principios para la inclusión profesional de las personas sordas (ver fuente). Muchos de estos principios están especialmente relacionados con la figura del intérprete de lengua de signos, a menudo mal utilizados en el contexto profesional.

Principio 0. El audismo es estructural y está en todas partes. Reconócelo y afróntalo

El audismo es una forma de discriminación o prejuicio contra las personas sordas (aquí se explica más sobre el audismo y aquí tienes una infografía). Según los autores, muchas instituciones, diseñadas históricamente por y para personas oyentes, reproducen prácticas audistas incluso sin intención de discriminar.

A menudo, la accesibilidad se ve como un gasto que hay que minimizar o un trámite legal (para evitar demandas en Estados Unidos). Reconocer que el audismo existe es el primer paso para construir entornos profesionales que realmente valoren la identidad visual y lingüística de la persona sorda.

Principio 1. Las personas sordas son una minoría cultural y lingüística específica

Ser una persona sorda no es la sordera en si misma, sino que implica pertenecer a una comunidad con una cultura, historia y lengua propias.

El error más habitual es pensar que "una solución sirve para todas las personas", pero lo que funciona para un/a profesional sordo/a puede ser una barrera para otra persona sorda, dependiendo de sus habilidades lingüísticas o del contexto de su trabajo.

Principio 2. Las personas sordas deberían ser las principales encargadas de tomar decisiones sobre su propia accesibilidad

Nadie conoce mejor sus necesidades que el/la propio/a profesional sordo/a. Los autores defienden que deben ser las personas personas sordas quienes decidan qué servicios necesitan y quiénes son los/as intérpretes de lengua de signos más adecuados para cada situación. Los autores subrayan que esta capacidad de decisión no es una opinión subjetiva, sino una capacidad desarrollada a partir de la propia experiencia profesional y lingüística de la persona sorda.

Además, la accesibilidad debe ser considerada parte de los gastos operativos normales para que cualquier trabajador/a pueda hacer su trabajo.

Principio 3. El "impuesto a personas sordas" (Deaf Tax)

El concepto de Deaf Tax (que podría traducirse como impuesto a personas sordas) no es un pago real, es una especie de "impuesto" en forma de esfuerzo extra, la energía y el estrés que una persona sorda debe invertir solo para desenvolverse en un entorno diseñado para personas oyentes. Sin embargo, este impuesto no lo tiene ningún trabajador/a oyente por el simple hecho de oír.

Este impuesto incluye tareas como gestionar sus propios intérpretes (esto no entra en conflicto con el principio anterior: elegir no gestionar), educar a sus compañeros/as sobre cómo interactuar con personas sordas o enfrentarse a prejuicios constantes.

El objetivo de las empresas e instituciones debería ser reducir a cero este impuesto para que el/la profesional sordo/a pueda centrarse en su trabajo real.

Principio 4. Las personas sordas sirven mejor a las personas sordas

En determinados contextos profesionales, especialmente servicios y bienes dirigidos a la población sorda, las personas sordas pueden ofrecer una atención más eficaz. No por una superioridad individual, sino por su experiencia vivida, su competencia lingüística y su conocimiento cultural, algo que una persona oyente, por muy bien que signe, difícilmente alcanzará.

Principio 5. El éxito de las comunidades marginadas merece ser reconocido

A menudo, los logros de las personas sordas quedan invisibilizados o se atribuyen a sus líderes oyentes. Reconocer y visibilizar estos éxitos no es para que las personas sordas puedan presumir, sino para crear referentes y modelos a seguir para las futuras generaciones. Ello sin considerar que la propia falta de reconocimiento es, de por sí, una forma de exclusión simbólica.

Principio 6. Los/as intérpretes son "personas invitadas" en la relación de interpretación

Es vital recordar que los/as intérpretes de lengua de signos están presentes en la vida profesional y privada de las personas sordas por una necesidad del sistema comunicativo mayoritariamente oyente, no por elección personal de la persona sorda (que preferirían tener una comunicacion directa en lengua de signos). Por ello, los/as intérpretes deben actuar con humildad, respetando la privacidad y los límites profesionales, entendiendo que son meros/as "invitados/as" en ese espacio.

Principio 7. Asignar intérpretes adecuadamente cualificados/as es fundamental

Igual que no cualquier médico sirve para cualquier especialidad, no cualquier intérprete sirve para cualquier contexto profesional.

Por lo tanto, no basta con que haya un/a intérprete de lengua de signos. Un/a intérprete puede ser excelente en una consulta médica pero no estar preparado/a para una conferencia técnica de ingeniería. Se debe valorar el contenido, el entorno y las personas participantes antes de asignar al intérprete adecuado/a.

Principio 8. La titulación es solo el estándar mínimo

Una titulación o certificación de intérprete significa que se han alcanzado unos conocimientos básicos, pero no garantiza que se esté cualificado/a para todos los contextos. Especialmente en ámbitos profesionales avanzados, los/as intérpretes de lengua de signos deben seguir formándose para estar a la altura de la complejidad del contenido comunicativo.

Además, esta responsabilidad no recae solo en los/las intérpretes de lengua de signos, sino también en las instituciones que los/as contratan.

Principio 9. El/la intérprete está ahí para todos/as

Existe la idea errónea de que el/la intérprete de lengua de signos es solo para la persona sorda. En realidad, está ahí para todas las personas presentes. Si las personas oyentes no saben lengua de signos, el/la intérprete es quien les permite a ellas entender y ser entendidas.

La comunicación es una responsabilidad compartida de todo el equipo. Esto cambia la dinámica del equipo: la accesibilidad deja de ser “el problema de la persona sorda” para pasar a ser una responsabilidad compartida.

Principio 10. La profesión de la interpretación está en constante evolución

El papel del intérprete de lengua de signos ha evolucionado hacia un rol que cada vez se entiende más como mediación cultural y apoyo estratégico en la navegación profesional.

Hoy en día, los/as  intérpretes pueden desempeñar un papel clave al facilitar información contextual que, de otro modo, quedaría fuera del alcance del profesional sordo/a y que es vital para su éxito.

Reflexión

Para lograr una verdadera inclusión laboral, necesitaremos un cambio de mentalidad profundo. No se trata de "ayudar" a las personas sordas, sino de construir entornos laborales enfocados el éxito de la persona sorda como prioridad. Al eliminar o reducir el Deaf Tax (impuesto a personas sordas) y garantizar la equidad lingüística, no solo gana el/la profesional sordo/a: gana la institución contratante, que por fin puede aprovechar todo el talento y potencial que estas personas tienen para ofrecer.

Es comprensible que muchas organizaciones prefieran no contratar personas sordas, por miedo o por el esfuerzo que pueda suponerles adaptar el entorno laboral. No contratarlas es la opción fácil a corto plazo, pero costosa a nivel de innovación y calidad a largo plazo. El verdadero riesgo es perder talento. Así que, ¿es inteligente permitirse desperdiciar ese talento?

Fuente:

  • Hall, W., Brick, K., & Millios, W. (2024). From Principles to Practice: Creating Language Equity for Deaf Professionals. Journal of Interpretation, 32(1), 4.

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