Aprender a escuchar a las personas sordas

El audismo es una forma de discriminación, como lo es el racismo, la xenofobia, el machismo o la homofobia, dirigida hacia las personas sordas y la lengua de signos. La discriminación, en cualquiera de sus manifestaciones, no puede tener cabida en las sociedades democráticas, ya que no puede establecerse ningún tipo de trato desigual en base a razones arbitrarias como la raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política, origen o nacimiento, entre otros, de acuerdo con la Convención Universal de Derechos Humanos. Y, sin embargo, el audismo* es sistémico en España e incluso apoyado institucionalmente.

* Si aún no sabes qué es el audismo, a lo largo de este artículo puedes ver varios vídeos con explicaciones y testimonios reales de personas sordas.


Consecuencias del audismo

El audismo hacia las personas sordas, como cualquier comportamiento discriminatorio, tiene consecuencias realmente graves en varios ámbitos de la vida personal y social. Veamos tan solo cuatro ejemplos concretos para este tipo de discriminación:

1. Acoso escolar

Varias investigaciones muestran que los/as niños/as sordos/as sufren dos o tres veces más acoso escolar (bullying) que los/as oyentes, tanto por la forma de comunicarse como el simple hecho de llevar audífonos o implante coclear. Además, también hay una mayor probabilidad de sufrir alguna forma de maltrato infantil, tales como abuso emocional, físico o sexual.

Las causas podrían ser varias:

  • El aislamiento escolar del niño/a sordo/a en aulas con todo el alumnado oyente.
  • El rechazo de las familias y profesionales a construir una identidad sorda, lo que, de acuerdo con las investigaciones, podría servir de factor de protección para el bienestar psicológico.
  • El rechazo a la lengua de signos, lo que reduce drásticamente la probabilidad de éxito en el desarrollo del lenguaje, en general, y de la lengua oral, en particular, siendo objeto de burlas por sus iguales oyentes.

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2. Privación lingüística

Esperanza Morales, profesora catedrática e investigadora de la Universidad de La Coruña, cree que un 80% de los/as niños/as sordos/as con implante coclear sufren de un mayor o menor grado de privación lingüística. Básicamente, la privación lingüística es la ausencia de de una lengua natural completamente accesible en la primera infancia de un/a niño/a sordo/a que afecta negativamente al desarrollo psicosocial (ver artículos aquí y aquí).

La privación lingüística se produce principalmente en niños/as sordos/as con implante coclear cuyas familias rechazan la lengua de signos y depositan todas sus expectativas únicamente en esta tecnología. En la actualidad, más de 40 años después de la primera implantación coclear, es imposible predecir su éxito con un mínimo de precisión y los resultados son muy variables, por lo que esta postura es sumamente arriesgada. Además, la ciencia ha demostrado repetidamente que la lengua de signos contribuye al éxito del implante coclear y, sin embargo, la mayoría de los profesionales médicos y familias siguen teniendo prejuicios contra la lengua de signos.

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3. Salud mental

Los/as niños/as y jóvenes sordos/as tienen, al menos, dos veces más problemas de salud mental que los/as oyentes: depresión, ansiedad, angustia mental, somatización, insomnio, menor autoestima, consumo de drogas, impulsividad, psicosis, etc. Mientras que para la población general las investigaciones presentan aproximadamente un 15% de trastornos de salud mental, para los/as niños/as y jóvenes sordos/as es de entre un 50 y 60%.

Sin embargo, la sordera no es la causa de estos trastornos de salud mental. No existe ninguna relación entre la sordera y la salud mental, es decir, el hecho de tener una sordera no conlleva peor salud mental como tampoco el grado de sordera. Más bien, varias investigaciones han probado que la incomunicación en una persona sorda o los comportamientos que se tienen hacia ella empeoran la salud mental. De hecho, las investigaciones muestran que, cuando los/as niños/as y jóvenes sordos/as tienen un dominio alto de una lengua oral o una lengua de signos, las dificultades psicosociales no son mayores que las de los/as niños/as y jóvenes oyentes. Además, la mayoría de las personas sordas que acuden a consultas psicológicas o psiquiátricas son precisamente las que no pueden comunicarse de forma totalmente fluida ni en una lengua oral ni una lengua de signos, es decir, las que han sufrido privación lingüística según vimos en el apartado anterior.

Sabemos que hay otros dos factores que influyen en su salud mental: las relaciones familiares y la segregación forzosa en la escuela. Así, alrededor del 90% de los/as niños/as sordos/as nacen en familias oyentes pero solo aproximadamente la mitad de estos/as alcanzan niveles de comunicación oral similares a los oyentes (80% según la Dra. Esperanza Morales, como hemos visto arriba) y no tienen otra alternativa en la comunicación al ser privados de la lengua de signos, lo que, a su vez produce estrés y problemas emocionales que son transmitidos por las familias a sus hijos/as sordos/as. Respecto a la escuela, el propio sistema educativo promueve una suerte de inclusión en escuelas ordinarias que no es más que una segregación a la fuerza, haciendo que la mayoría de las veces sea el único/a niño/a sordo/a de su clase, algo para lo que, además, el profesorado no suele estar preparado.

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4. Desigualdad laboral

Por último, una vez finalizada la etapa educativa, conviene conocer las consecuencias en la vida laboral. En 1991 se publicó uno de los estudios más amplios sobre el menor salario que perciben las personas sordas respecto de las personas oyentes. Utilizando datos del Servicio de Impuestos de Estados Unidos a lo largo de 40 años sobre casi 4.400 personas sordas y los datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos para la población general (oyente), el investigador William A. Welsh de la universidad Rochester Institute of Technology observó que, a lo largo de su vida, las personas sordas ganan entre 356.000 y 609.000 dólares menos que las personas oyentes de niveles educativos similares.

Otras investigaciones muestran que no solo las personas sordas perciben generalmente salarios inferiores (salvo excepciones), sino que no tienen las mismas oportunidades de promoción profesional y son despedidas o no contratadas a un ritmo mucho mayor que las personas oyentes. Además, sabemos que todo ello se debe en gran parte a la discriminación hacia las personas sordas, una discriminación que la mayoría de las veces proviene de estereotipos y prejuicios del empresariado sobre los/as trabajadores/as sordos/as.

No existen estudios similares en España y en muchos otros países pero, a pesar de esto y de que han transcurrido 30 años desde este estudio, una breve toma de contacto con la realidad diaria de las personas sordas confirmaría que nada ha cambiado.


"No hay peor sordo que el que no quiere oír"

De acuerdo con el refranero del Instituto Cervantes, esta frase proverbial significa que "resultan inútiles las razones con que se intenta persuadir al que con tenacidad y malicia no quiere atender a las razones de otro". Las personas sordas llevamos varias décadas diciendo que la lengua de signos es completamente necesaria para el mejor desarrollo de los/as niños/as sordos/as, pero las personas oyentes creen que saben lo mejor para nosotras. Ya en 1880, en un histórico Congreso Internacional sobre la educación de las personas sordas (bien conocido como Congreso de Milán), se decidió que la lengua de signos debería ser prohibida y debía imperar el oralismo, un congreso en el que participaron 163 personas oyentes y sólo una sorda. Después nos dijeron que las cosas iban a mejorar con la llegada de los audífonos, pero nada cambió. Luego llegaron los audífonos digitales, los implantes cocleares, los implantes cocleares con más electrodos, y así sucesivamente: cada vez que las personas sordas recordamos la importancia de la lengua de signos, siempre hay personas oyentes que saben lo mejor para nosotras.

Hemos llegado a un punto en el que el audismo es sistémico e institucionalizado. De esta manera, determinadas organizaciones que dicen trabajar para las personas sordas y sus familias, en realidad están promoviendo su exclusión y discriminación sistemática rechazando el acceso a la lengua de signos desde la infancia. Estas mismas organizaciones no tienen ni una sola persona en sus juntas directivas ni en su equipo profesional o, en el mejor de los casos, un pequeñísimo porcentaje de trabajadores/as sordos/as en puestos laborales de baja cualificación. Y no solo eso, sino que, en la mayoría de los casos no apoyan a las personas sordas en ninguna de otras muchas posibles formas como se describe en esta infografía de Excepcionales.

Y es un audismo institucional porque estas organizaciones reciben cuantiosas subvenciones públicas, de miles de euros en muchos casos, aún conociendo los gobiernos el destino de estas subvenciones, pues son los organismos públicos quienes que aprueban los proyectos que reciben y, claramente, en muchos casos en contra de la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

Cuando el riesgo de las consecuencias del oralismo son bien conocidas, rechazar la lengua de signos no debería ser una opción y la única opción saludable e inclusiva posible debería ser una educación bilingüe en lengua oral y lengua de signos. Aviso para navegantes: no estamos en contra de la oralización, estamos en contra del oralismo y en contra de la privación del lenguaje. 


Aprendiendo a escuchar a las personas sordas

Una de las personas que más está promoviendo en las redes sociales que se escuche a las personas sordas es Kimberly Sanzo, logopeda en Estados Unidos, licenciada en Psicología y en Ciencias y Trastornos de la Comunicación de la Universidad de Vermont y Master en Patología del Habla y el Lenguaje por la Universidad de Gallaudet. Kimberly fundó una organización denominada "Language First" (primero, el lenguaje), la cual tiene más de 30.000 seguidores/as en Facebook, Instagram y Twitter.

Desde 2019 lanza periódicamente mensajes en sus redes sociales instando a otros profesionales de la logopedia, profesionales de la patología del lenguaje y el habla y familias a escuchar a las personas sordas adultas. Estos son algunos de sus mensajes (traducción a español abajo):

Serie de frases publicadas por la logopeda Kimberly Sanzo en Language First

Escuchemos a las personas sordas adultas. Ellas son quienes mejor conocen a los/as niños/as sordos/as; antes fueron niños/as sordos/as. Si las personas sordas adultas insisten en el acceso temprano a la lengua de signos, expresan cómo el oralismo les traumatizó o afirman que desearían que su familia hubiera intentado aprender la lengua de signos, escuchémosles.

Cuando por fin aprendí lengua de signos americana me quedé de piedra. No sabía que comunicarse pudiera ser tan fácil. Me dije, espera, ¿es así como oyen las personas oyentes? ¿Sin ningún esfuerzo? (Diana, sorda adulta).

Me crié como oralista y ahora la lengua de signos americana es como un bálsamo para mi alma (Diana, sorda adulta).

Ofrece TODOS los recursos a tu hijo desde el principio y luego permítele que elija lo que mejor funciona para él, no lo que funciona mejor o es más conveniente para los demás (Amber, sorda adulta).

  • Niño sordo: la verdad es que no me gusta cuando...
  • Personas oyentes: ¿qué sabes tú? Sólo eres un niño.
  • Sordo adulto: cuando era un niño, no me gustaba cuando...
  • Personas oyentes: no puedes hablar por los niños sordos, eres un adulto.

Tengo una pérdida auditiva moderada a severa y uso audífonos. Sólo en los últimos años de mi vida he empezado a "desaprender" toda la actuación y la sobrecompensación que he estado haciendo todo el tiempo para aparentar estar al día con el mundo de los oyentes, y a reconocer lo increíblemente agotador que ha sido para mí. Ojalá alguien me hubiera enseñado lengua de signos americana cuando era niña y me hubiera enseñado que la cultura sorda no es algo de lo que haya que avergonzarse (Beth, adulta con sordera).

Ten una mentalidad abierta y un enfoque flexible. Utiliza todos los recursos posibles y nunca te quedes en lo "suficientemente bueno" (Leah, sorda adulta).

Crecí con implantes cocleares en una comunidad oyente y sin ninguna interacción con personas sordas. No conocía mi identidad (Jordan, sordo adulto).

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Sí, el oralismo es perjudicial. Sí, hay un pequeño porcentaje de niños/as sordos/as a los que les va "bien" con los enfoques oralistas. Pero eso no significa que no sea perjudicial. Puede que les vaya "bien" según nuestros estándares, pero ¿qué pasa con las cosas que no podemos ver? Los sentimientos de aislamiento, la ansiedad de preocuparse constantemente por perderse cosas, el agotamiento por trabajar tanto para escuchar, el cuestionamiento de la identidad propia por no tener otros/as compañeros/as sordos/as como ellos/as (Kimberly Sanzo, Language First)


Fuentes:

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